
Si el mar es un peligro, quizás nuestro alma nos traiciona.
Es decir, si los misterios en la profundidad del mar nos amenazan, por qué los buscamos?
Nos preocupamos de lo más trivial porque lo profundo y lo misterioso nos asusta. Quién sabe de donde viene esta amenaza de la profundidad, quizás viene de la oscuridad tan sencilla. La ausencia de luz nos recuerda de la muerte. También nos recuerda de lo que somos (el gran misterio). No somos las palabras que nos salen de la boca ni los pensamientos que las provoca, sino somos creaturas navegando un mar sin mapa. Cada destino es decepcionalmente inaccessible e inhumana. Seremos ratas (de dos patas, como dicen algunos) al pretender que nuestra existencia es única.
Entonces Fulanito se metió al mar donde siempre encuentra el mundo sublime, peligroso, malvado, y hermoso. Se metió más, hasta que sus pies ya no alcanzaban a tocar el suelo, y se sintió parte de un organismo gigante. Mientras meneaba tuvo cuidado de no alejarse mucho de la tierra firme y cuando ya no había nadie al rededor suyo se asustó. El sol reflejaba un mar cristalino, creando un plano de diamantes que bailaban con navajas de plata que a su vez cortaban naranjas azules, tiernas y jugosas. Fulano vio todo de otra perspectiva porque estaba dentro. Él vio un verde oscuro y olas espumantes, señales de que se acercaba la tempestad. Vio los peces funestos nadando hacia la superficie, escapando su propia sangre debajo. Vio su propio cuerpo incubado e iluminado debajo de la manta brutal e interminable. Vio el sol sangrando con demasiados colores.
Se asustó y se traicionó y se dio la media vuelta para regresar al hotel. El sol y el mar se quedaron incógnitos detrás de su espalda.